Pintura rupestre, artistas de tiempos remotos

Desde las profundidades más oscuras de las cavernas hasta los abrigos rocosos bañados por el sol, nuestros antepasados más remotos dejaron un legado imborrable grabado en la piel de la Tierra; el acta fundacional de uno de los rasgos más entrañables de la experiencia humana: la sensibilidad y la creación artística.

El término rupestre, proveniente del latín rupestris (que significa ‘relativo a la roca’, derivado de rupes, ‘roca’), se refiere a las manifestaciones artísticas más antiguas y enigmáticas de las que tenemos constancia. Estas pinturas y grabados no son meros dibujos prehistóricos; son los primeros testimonios de la capacidad humana para la representación simbólica, una ventana directa al pensamiento, las creencias y el entorno de quienes nos precedieron por decenas de miles de años. Este reportaje explora cómo nuestros ancestros crearon estas obras maestras, recorre sus ejemplos más célebres y se adentra en el profundo misterio de su significado.


Crear arte en la penumbra de una cueva requería ingenio y un profundo conocimiento del medio. Los artistas prehistóricos, auxiliados por pequeñas lámparas de piedra alimentadas con tuétano animal —que producían luz casi sin humo—, transformaron las paredes irregulares de las cuevas en lienzos llenos de vida. Aprovechaban magistralmente los desniveles y las hendiduras naturales de la roca para conferir una sensación de volumen y realismo a sus figuras.


Para asegurar la adherencia de los pigmentos a la roca, los artistas mezclaban los polvos minerales con aglutinantes orgánicos, como resina o grasa animal. Las técnicas de aplicación eran igualmente variadas y sorprendentemente sofisticadas. Untaban el color directamente con los dedos, pero también soplaban la pintura a través de cañas huecas para crear líneas finas y contornos difuminados, en una suerte de aerógrafo primitivo. Para el dibujo de contornos precisos usaban ramas quemadas o bolas de colorante aglutinadas con resina a modo de lápices; en ocasiones, incluso raspaban la roca para generar incisiones que realzaran el contorno de las figuras.


Aunque el arte rupestre es un fenómeno global presente en casi todos los continentes, sus manifestaciones más relevantes y antiguas se encuentran en España y Francia. Dos cuevas destacan como las máximas expresiones de la creatividad paleolítica: Altamira y Lascaux.

Una obra de 42 mil años. Focas pintadas sobre roca en la cueva de Nerja, Andalucía, España. Atribuidas a artistas neandertales, estas pinturas son la obra pictórica más antigua conocida hasta la fecha. FOTO. Jorge guerrero/GETTY IMAGES

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