La Bendita Memoria. Por los que ya trascendieron

El calendario litúrgico reserva el inicio de noviembre para un poderoso ejercicio de memoria y fe, un puente entre lo celestial y lo terrenal. En apenas dos días, la cristiandad transita de la solemne celebración de la gloria eterna a la íntima conmemoración de aquellos que aún la aguardan. Esta dualidad comienza con el Día de Todos los Santos, una fiesta de precepto dedicada a honrar a todos los que ya gozan de la presencia de Dios, seguida por el Día de los Fieles Difuntos, una jornada de oración y recogimiento por las almas que se encuentran en purificación. Este díptico espiritual, que une el triunfo y la esperanza, da pie a una de las tradiciones más ricas y diversas de la fe.



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