IN MEMORIAM: Mi queridísima Bárbara

Bárbara Moreno era de esas personas capaces de unificar el consenso, pues todos los que la conocimos y tuvimos el privilegio de ser sus compañeros y amigos coincidíamos en algo: la queríamos mucho.

DIRECTOR EDITORIAL

MARCO A. GUERRERO LEÓN

Bárbara Moreno era de esas personas capaces de unificar el consenso, pues todos los que la conocimos y tuvimos el privilegio de ser sus compañeros y amigos coincidíamos en algo: la queríamos mucho. Y es que, detrás de esa imagen imponente por su estatura, fisionomía y belleza espectacular —hecha con todas las aptitudes para ser lo que fue, una top model—, habitaba una persona adorable, amorosa y solidaria.
Bárbara fue de mis primeras amigas en la industria, ya que comenzamos más o menos por las mismas fechas, allá por los inicios de la década pasada; ella siendo una adolescente, claro. Fue de las primeras modelos que mostró interés genuino por mi trabajo fotográfico, sobre todo en los desfiles de moda. Su talento sobre la pasarela, colmado de fotogenia, elegancia, belleza y carisma, era notable desde sus inicios y fue potenciándose con el avance de su carrera.

Era tal la capacidad y solvencia de Bárbara para el modelaje y, sobre todo, era tanto su profesionalismo y bonhomía para trabajar, que logró lo impensable. En una industria donde un corte de cabello, un cambio de peinado, un tinte o una cirugía estética mal aplicada pueden arruinar el momento de una modelo, las marcas y los diseñadores —algunos de la talla de Vero Solís o empresarias como Abby Niño de Rivera de Si Quiero! Brides, una casa de novias de gran prestigio— pasaron por alto cuando el cuerpo de Bárbara empezó a cubrirse de espectaculares ornamentos de tinta. Ella complementaba su carrera como modelo con una de sus grandes pasiones: el tatuaje.

Algunas de las imágenes de pasarela más impactantes que he conseguido en mi carrera fueron con Bárbara portando un vestido de novia. El contraste enorme de la prenda de alta costura —blanca, inmaculada y confeccionada con depurada técnica— siendo portada de la manera más elegante y portentosa por ese figurón cuya piel estaba cubierta de tatuajes, era simplemente único. Ella era la modelo idónea para portarlo. Así era “la mujer marcada”, como le llamaba su mentor y amigo, Rafael Zúñiga.

Por alguna razón, Barbie y yo solo trabajamos juntos una vez en sesión de fotos, en enero de 2014, para la campaña y catálogo de una reconocida boutique de San Pedro Garza García; tenía ella casi 18 años cumplidos y aún sin sus famosos tatuajes. Esas imágenes, a pesar de los años, siguen siendo parte fundamental de mi portafolio. Varias veces, en los backstages de los diversos desfiles donde fuimos compañeros, hablamos de hacer alguna colaboración y algún test shooting, pero por alguna razón siempre lo procrastinamos. “¡Cuando quieras, queridísimo!”, siempre me decía. En fin.
Más allá de la moda, Barbie es madre de dos niños, quienes fueron su adoración y motor. En un contexto actual donde la falta de resiliencia es una constante, donde la incomodidad y la complicación común pretenden convertirse en trauma y la victimización parece una aspiración, jamás escuché a Barbie —una madre joven— quejarse o victimizarse. Al contrario, siempre tenía comentarios divertidos sobre sus vivencias con sus niños, hacia los cuales siempre terminaba expresando su amor incondicional.

Con ella atesoro mil recuerdos en el contexto donde coincidíamos: el de la moda. Entre 2013 y 2024 habrá caminado frente a mi lente incontables veces y en backstage capturé miles de tomas. Es justo en ese mundo aparte, el del backstage de las plataformas de moda, donde un ecosistema de modelos, maquillistas, peinadores, estilistas, staff, fotógrafos y otros oficios tenemos la convivencia más cercana. Allí, donde generamos vínculos entre el olor a cabello chamuscado por las secadoras y planchas, fijadores, cosméticos, bocadillos y telas, siempre se podía conseguir una toma perfecta de Bárbara. No importaba que la estuvieran peinando, maquillando, que bostezara, viera su teléfono o estuviera comiendo; ¡ella siempre salía bien! Todo esto sin dejar de lado la gran amabilidad y disposición que siempre tenía, aportando con su liderazgo y jerarquía al buen ambiente que suele haber tras bambalinas en los eventos producidos por la agencia y productora que es nuestra casa.

Por todo esto, cuando a inicios de este 2025 que termina nos enteramos de la lucha que Barbie debía enfrentar contra esa maldita enfermedad del cáncer, sentí mucha tristeza y preocupación. Pero a pesar de que su situación era crítica, ella no dejó de luchar, respaldada por su madre, sus hijos, sus seres queridos y sus amigos. Dios sabe que ella enfrentó al cáncer con enorme valentía y resiliencia hasta “donde topara”, como se dice en regiomontano coloquial. Bárbara Moreno se fue a casa del Padre el pasado miércoles 3 de diciembre.

No me queda más que recordarla con cariño y admiración. Que no quede duda de que la voy a extrañar mucho, y estoy seguro de que no seré el único.

Barbie ya descansa junto al Dios Altísimo, pero su familia se encuentra en el recuento de los daños tras librar la batalla más grande de los últimos meses. Su madre, Carolina, y sus seres queridos dieron todo lo que tenían a la mano para respaldar a Bárbara en su lucha por la vida, lo que les generó una deuda económica importante.

Te invito a ti, querido lector y miembro de la comunidad de Amarena, a que si está en tus posibilidades, puedas apoyar con tu donativo a la familia de Bárbara; o al menos, puedas compartir su historia para que, con misericordia, podamos hacer mucho con poco y brindarles nuestro apoyo en conjunto.

Descansa en paz, querida Barbie. Vivirás eternamente en nuestro recuerdo y en el acervo visual de la industria de la moda de nuestra ciudad.

Bárbara Moreno 1997 – 2025

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