
Chanel por Blazy
Existen momentos en la moda que marcan un antes y un después, y el debut de Matthieu Blazy en Chanel fue precisamente eso: un nuevo comienzo vestido de historia. Su primera colección no busca borrar el pasado, sino despertarlo.

Es una conversación entre la esencia eterna de la maison y una mirada contemporánea que se atreve a respirar distinto. Las siluetas mantienen la pureza clásica de Chanel, pero con un pulso más libre, más real. Los tweeds se vuelven livianos, las líneas más suaves, los bordes menos rígidos.
Hay una elegancia relajada, un lujo que no grita, sino que se insinúa con precisión. Blazy entiende que la verdadera modernidad no está en el exceso, sino en la intención. Entre transparencias, bordados minuciosos y un juego sutil de volúmenes, Chanel vuelve a sentirse viva. Es la misma mujer, pero con otro ritmo: menos museo, más movimiento; menos nostalgia, más presente. Y en esa delicada tensión entre tradición y libertad, Blazy logra algo profundamente difícil: que Chanel vuelva a sorprender sin dejar de ser Chanel.


