Maria Callas, la divina

Una portentosa voz, una vida de pasión turbulenta y una herida que la acompañó hasta el final, forjando una leyenda que perdura hasta nuestros días.

Considerada la cantante de ópera más eminente del siglo XX, Maria Callas revolucionó el arte lírico con un talento vocal y actoral que le valió el mote de “La Divina”. Su vida, marcada por triunfos artísticos y tormentosas pasiones, dejó una huella imborrable en la historia de la música.


Nacida como Maria Anna Cecilia Sofía Kalogeropoulos en Nueva York, el 2 de diciembre de 1923, hija de migrantes griegos. En 1929, su padre, farmacéutico, simplificó el apellido a Callas para facilitar su negocio en Manhattan. Tras la separación de sus padres, Maria se trasladó a Grecia con su madre y su hermana en 1937.


Su formación musical comenzó en el Conservatorio Nacional de Atenas. Estudió primero con la soprano Maria Trivella y posteriormente con Elvira de Hidalgo, quien la instruyó en la tradición del bel canto romántico italiano. Su debut amateur ocurrió en 1938 como Santuzza en Cavalleria Rusticana.

La relación con su madre fue difícil; Maria Callas confesó años más tarde que, aunque agradecía su apoyo, sentía que este estaba motivado por interés económico y no por amor familiar. Su debut profesional llegó en febrero de 1942 en el Teatro Lírico Nacional de Atenas con la opereta Boccaccio, alcanzando su primer gran éxito en agosto de ese año con Tosca en la Ópera de Atenas.


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Maria Callas regresó a Estados Unidos para reunirse con su padre. Allí, el director del Metropolitan Opera House, Edward Johnson, le ofreció los papeles principales en Fidelio y Madama Butterfly, pero ella los rechazó al no querer cantar la primera en inglés y al considerar que la segunda no era adecuada para su debut americano.


El punto de inflexión en su carrera llegó cuando el tenor Giovanni Zenatello, director de la Arena de Verona, la contrató para cantar La Gioconda. En Italia conoció a su futuro esposo, el empresario Giovanni Battista Meneghini, treinta años mayor que ella y figura clave en la gestión de su carrera. Se casaron en 1949, y ella adoptó el nombre de Maria Meneghini Callas.


Su debut italiano en 1947 fue un éxito, y pronto demostró una versatilidad asombrosa. Un episodio legendario ocurrió en Venecia en 1949: mientras ensayaba el rol wagneriano de Brunilda en Die Walküre, se le pidió que sustituyera a una soprano enferma en el papel de Elvira en I puritani de Bellini.

Aprendió el exigente papel en solo una semana, mientras seguía interpretando a Brunilda, convirtiéndose tras la primera representación en “la voz de Italia”. Este hito la catapultó a La Scala de Milán, donde, tras una fría acogida inicial en 1950, se rindió a sus pies el 7 de diciembre de 1951, consolidando su estatus de “La Divina”.


Maria Callas poseía una voz de amplio registro que, combinada con un dominio técnico excepcional, le permitía abordar roles de soprano ligera, dramática e incluso de mezzosoprano.
Su capacidad para revivir personajes operísticos olvidados y dotarlos de una profunda esencia dramática y expresiva fue una de sus grandes contribuciones.

El magnate y La Divina. Aristóteles Onassis y Maria Callas en Londres. La ruptura con Onassis dejó en Maria una herida que sufrió toda su vida. FOTO. Getty Images, 1959

Maria Callas sings “Casta Diva” (Bellini: Norma, Act 1)

A mediados de su carrera, tomó la decisión de bajar más de 36 kilos, una transformación física que, según ella, buscaba “hacer justicia a Medea”. Esta nueva figura, unida a su talento actoral, la convirtió en la cantante-actriz ideal para las innovadoras puestas en escena de directores como Luchino Visconti.


Su fama internacional creció con debuts en el Teatro Colón de Buenos Aires (1949), el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México (1950) y la Lyric Opera of Chicago (1954)En este período, formó una de las parejas más célebres de la historia de la ópera junto al tenor Giuseppe Di Stefano, con quien grabó nueve óperas completas.


Su carrera no estuvo exenta de escándalos. En 1959, su vida personal ocupó los titulares cuando dejó a su esposo por el magnate naviero griego Aristóteles Onassis, que en ese entonces era el hombre mas rico del mundo, a quien se refirió como el gran amor de su vida. Esta tortuosa relación coincidió con el inicio de un declive vocal que muchos atribuyeron a la falta de práctica y a una excesiva vida social. Onassis la abandonaría abruptamente en 1968 para casarse con la viuda ex primera dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy, un golpe del que Maria nunca se recuperó por completo.


Tras el fin de su relación con Onassis, su carrera se volvió esporádica. Realizó su última representación de ópera en 1965 como Tosca en el Covent Garden de Londres. Incursionó en el cine con Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini, un papel hablado donde no cantó. En sus últimos años, impartió clases magistrales en la Juilliard School de Nueva York y realizó una gira de conciertos de despedida con Giuseppe di Stefano entre 1973 y 1974.


El telón cayó para Maria Callas el 16 de septiembre de 1977 en París. A los 53 años, su corazón se detuvo. Si bien la causa fue un infarto, la historia recordará una herida más profunda que ninguna ficción, un desamor que finalmente apagó a la Divina. Sus cenizas, esparcidas en el mar Egeo, devolvieron su espíritu a la cuna de las leyendas que ella misma encarnó.

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