
Lucy Cantú, una vida entre cepillos, sueños y belleza consciente
El testimonio de una referente del estilismo en el norte de México.

Mi pasión por el cuidado del cabello nació casi sin darme cuenta. Tenía apenas nueve años cuando le pedía a mi mamá que me llevara con ella al salón de belleza; para mí, ese lugar era mágico. Mientras otras niñas asistían a campamentos de verano de matemáticas, yo soñaba con pasar mis días entre cepillos, colores y sonrisas frente al espejo. En la escuela, era común que mis maestras me colocaran al final del salón porque pasaba el tiempo peinando a mis compañeras. Luego vinieron las vecinas, las amigas de la iglesia y las novias que confiaban en mí para arreglarlas en sus momentos más especiales. Sin saberlo, ya estaba recorriendo el camino que marcaría toda mi vida.
Mi papá fue quien vio con claridad lo que yo aún no entendía. Me decía: “Reina, a ti te gusta la belleza; estudia eso, es lo tuyo.” Yo pensaba en ser contadora, pero bastó una semana en esa carrera para comprender que tenía razón. A los 16 años comencé formalmente mis estudios en belleza y, desde entonces, no he dejado de aprender ni de crecer.
Tuve la fortuna de formarme con una gran maestra, una verdadera referente en la industria, y con el tiempo continué capacitándome en Europa con distintas marcas. Desde hace casi 20 años colaboro con Davines, una firma que amo profundamente por su filosofía sustentable, su respeto por el medio ambiente y su compromiso con la belleza natural. Su esencia refleja mucho de lo que soy y de lo que creo: que la belleza real cuida, respeta y transforma sin dañar.
Mi trabajo, desde entonces, ha sido una forma de honrar esa pasión que me acompaña desde niña; un propósito que va más allá del estilo: cuidar, inspirar y resaltar la belleza auténtica de cada persona.




